EL AMATEUR

de Mauricio Dayub Dirección, Luis Romero con Mauricio Dayub y Vando Villamil

Argumento:

Los dos únicos personajes de la obra irrumpen a escena en una primera situación en la cual vamos advirtiendo que Lopecito alienta al Pájaro y nos enteramos que éste de día vive obsesionado por un sueño: batir el récord de permanencia en bicicleta y de noche, por otro en el que ve a un "chabón con alas de cera que se va acercando al sol" y le dice "Arrimate, flaco... No quema, arrimate... No quema".
Luego, el desarrollo de la obra nos va revelando los motivos de ambos personajes en sus respectivas líneas de acción, hasta que el Pájaro logra cumplir el sueño de sus vigilias. Y el otro sueño también.

Análisis:

En la mitología griega, Ícaro, hijo de Dédalo y prisionero con éste en Creta, intenta huir con unas alas pegadas con cera a su cuerpo; pero, despreciando las instrucciones de su padre, se acerca demasiado al sol, con lo que se derrite la cera, sus alas se desunen y él cae al mar, no lejos de Samos, por lo que desde aquél entonces se llama mar de Icaria a aquella parte del Egeo.

El autor toma elementos de este mito para presentarnos el conflicto entre el devenir y lo trascendente. Para el caso, el hombre tratando de escapar al encierro de su prosaica existencia y pretendiendo alcanzar la gloria: el ámbito inmortal de los dioses.

En el mito, la pretensión de Ícaro es castigada, al igual que en una maravillosa película que vimos hace unos años: "El volar es para los pájaros". Sin embargo, el autor que nos ocupa, resuelve el conflicto a la inversa y abre así una esperanza: "No quema", termina exclamando Pájaro cuando "comienza lentamente a reaccionar"... "Arrimate flaco... No quema...", repite en un grotesco "vuelo" inicial que culmina en imponentes evoluciones y un solo grito triunfal: "NO QUEMA..." Ya sea que aceptemos la propuesta del autor y se trate sólo de un desmayo... o que desde la platea prefiramos pensar que el Pájaro murió después de alcanzar su récord..., en la embriaguez desbordante de ese aplauso que nos arranca el final, todos nos unimos en la convicción de que el esfuerzo valió la pena... Para el Pájaro valió la pena... y para nosotros, ilusoriamente apresados en una realidad cotidiana cada vez más dura..., también... Todos nos alejamos del teatro pensando "¡¡¡Mirá si estamos en el 15!!!"... ¡Vale la pena hacer, procrear, vivir, intentar trascender! Una impecable dirección encuentra con esta puesta de admirable síntesis, de claroscuros inquietantes, la expresión sensual de esa mezcla de espacios oníricos, de vigilias, de ensoñaciones que es la vida humana; el clima justo que integra lo cotidiano terrenal y lo atemporal supremo.

También estos elementos se combinan en la dirección de actores porque las actuaciones se encuentran realzadas con un trabajo que parte del realismo, para lograr una conmovedora verdad de las emociones, y agrega algunos toques expresionistas y de grotesco que confieren al total una comicidad tierna y profunda. Las escenotecnias mínimas con el recurso de unos pocos elementos móviles que transitan el espacio, el vestuario, la luz y el sonido, todo en una completa armonía de criterio con lo anterior, están al servicio de la teatralidad despojada, esencial... De una comunicación directa, que no necesita aditivos, entre la escena y el público.

Norberto Montero - Teatro Picadilly - 12.05.00

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