OLEANNA

de David Mamet (n. 1947) Dirección, Hugo Urquijo con Gerardo Romano y Carolina Fal

Argumento:

Obra en un acto, estrenada en 1992, bajo la dirección de su propio autor. En la misma, una alumna universitaria va al despacho de uno de sus profesores a entrevistarlo angustiada porque no entiende la materia y preocupada por su calificación.

Este hecho mueve a su interlocutor a explayarse sobre sus teorías progresistas acerca del sistema y su educación concomitante, a tal punto que la tensión entre ambos crece hasta límites insostenibles.

Análisis:

Este autor norteamericano contemporáneo nos presenta uno de los temas más complejos del ser humano. O sea: el conflicto generado por el cambio implicado inevitablemente en la modificación del pensamiento, en el conocer, en el aprender, en el crecer. Y la tenaz resistencia que ofrece siempre la identidad atrincherada. Elige, además, para mostrar esto nuestro costado más oscuro: el de la impotencia en ambos lados de la polaridad. Y los lleva obstinadamente a niveles violatorios, vejatorios.

Además, resaltándolo por contraste con ese lugar idílico al que alude el título de su obra: Oleanna; el lugar mítico que crea el cancionero popular colonial de la zona de Vermont (inmigración noruega), USA y que no es otro que ese lugar idílico, paradisíaco, perfecto que todos aspiramos alcanzar mediante lo que hacemos en la vida y que significaría: la ausencia definitiva de todo dolor, de todo sufrimiento, de toda carencia, la liberación total de esa prisión que crean nuestras imposibilidades.

Por otra parte, un conflicto tan enraizado en lo humano permite a Mamet su abordaje circunstancial desde múltiples lados: el educativo, el socioeconómico, el afectivo, el sexual, por lo menos..., si no es que olvido algún otro. Y ese espejo simbólico que siempre es el teatro, nos devuelve una imagen bastante extensa y deplorable de nosotros mismos. A diferencia de otras obras que nos reconfortaron al permitir reconocer aquellos aspectos nuestros más positivos. La concepción de puesta, obviamente, pone el énfasis en la perspectiva psicoanalítica con un final personal no indicado en la obra.

La dirección de los actores, coincidentemente con el estilo de la pieza, condujo a una interpretación realista, lo que no fue poco meritorio dadas las dificultades del texto que en muchos momentos asciende a alturas expresivas no habituales de los diálogos. Las actuaciones son de una veracidad y entrega conmovedoras, exhibidas por dos ejemplos de técnica psicofísica actoral. La escenografía, la utilería, el vestuario, el sonido y la iluminación, subrayan meticulosamente la concepción realista de la puesta.

Norberto Montero - Teatro San Martín - 26.05.00

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